CHINA AFIRMA QUE YA NO ES UN PAÍS EN DESARROLLO, SINO UNA NACIÓN PLENAMENTE DESARROLLADA

El histórico anuncio de China representa un punto de inflexión estructural en el comercio global, diseñado estratégicamente para aliviar las tensiones arancelarias con Occidente y reactivar los mecanismos multilaterales de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Este movimiento estratégico y sus implicaciones se desglosan en los siguientes puntos clave:

• Renuncia al trato preferencial, no a su identidad: El primer ministro Li Qiang aclaró que China renuncia formalmente a solicitar el Trato Especial y Diferenciado (TED) en negociaciones presentes y futuras dentro de la OMC. Sin embargo, políticamente mantiene su estatus de país en desarrollo para preservar su liderazgo e influencia en el Sur Global y bloques como el BRICS.

• Impacto comercial inmediato: Al dejar de exigir estas flexibilidades, el gigante asiático se compromete a no pedir plazos extendidos para implementar normativas, mayores subsidios agrícolas o excepciones en propiedad intelectual, alineando sus obligaciones con las de otras potencias económicas.

• Validación internacional: La medida responde a una demanda histórica de Estados Unidos y la Unión Europea. La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, aplaudió la decisión calificándola como un paso constructivo indispensable para avanzar en las reformas de modernización del organismo.

• La dualidad económica interna: El debate de fondo persiste. Aunque ciudades como Shenzhen y Shanghái compiten en la vanguardia de la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y los semiconductores, vastas regiones del interior de China registran ingresos per cápita considerablemente inferiores, lo que justifica por qué el país se niega a abandonar por completo su etiqueta de nación en desarrollo fuera del ámbito de la OMC.

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