París y Berlín alumbran un nuevo tratado para hacer frente a los desafíos de la Unión | Merkel y Macron firman en Aquisgrán un nuevo acuerdo de cooperación franco-alemán | in “EL PAÍS”

Sumar fuerzas para hacer frente a los mayúsculos desafíos a los que se enfrenta una Unión Europea alicaída, que se asoma a un abismo existencial. Ese es el mensaje que subyace en el Tratado de Cooperación e Integración franco-alemán que Angela Merkel y Emmanuel Macron han firmado este martes en Aquisgrán, la ciudad fronteriza, símbolo del espíritu europeo.

La canciller alemana y el presidente francés han acordado reforzar los lazos que unen el llamado eje París-Berlín, en un momento especialmente complicado para la Unión. Con las elecciones europeas a las puertas, Reino Unido de salida, los populismos galopando sin aparente freno, París y Berlín son conscientes de que emitir señales de fortaleza y determinación europea se ha convertido en una necesidad acuciante. El tratado encarna la defensa del multilateralismo y propugna una Unión “soberana y fuerte” impulsada por el motor franco-alemán.

El preámbulo del acuerdo anuncia una “profundización de las relaciones bilaterales” para hacer frente a “los desafíos a los que los Estados de Europa deben enfrentarse en el siglo XXI”. “Deseamos hacer converger las economías, los modelos sociales, favorecer la diversidad cultural y acercar a las sociedades y sus ciudadanos”, reza el texto de 13 páginas que firmarán este martes Macron y Merkel en la sala de la coronación del Ayuntamiento de Aquisgrán.

París y Berlín se muestran convencidos de que “la amistad estrecha entre Francia y Alemania ha sido determinante y continúa siendo un elemento indispensable de una Unión Europea unida, eficaz, soberana y fuerte”.

El tratado defiende también una política Exterior y de Defensa y Seguridad común, con el objetivo de “reforzar la capacidad de acción autónoma de Europa”. Establece el “refuerzo y profundización de la unión económica y monetaria” y promueve la “convergencia económica y fiscal”, sin entrar en excesivas concreciones. Las expectativas quedan así muy rebajadas respecto a las suscitadas tras el discurso pronunciado por Macron en La Sorbona, en el que detalló un ambicioso plan para avanzar en la integración europea en otoño de 2017. Desde entonces, Berlín ensimismada en una sucesión de crisis internas, ha mermado la ambición de unas reformas —sobre todo las de la eurozona— que aspiraban a refundar la Unión.

Este martes se cumplen 56 años del Tratado del Elíseo, el que en 1963 firmaron el presidente francés Charles de Gaulle y el canciller Konrad Adenauer en París y con el que sellaron la alianza entre los dos países. Habían pasado 18 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y aquel documento consolidó la reconciliación y puso en marcha el motor franco-alemán, que hoy aspira a cobrar un nuevo impulso en Aquisgrán. El tratado que este martes se firma, prentende “completar” aquel de la reconciliación franco-alemana.

Grandes dosis de simbolismo

El lugar elegido para la firma no es casual. Este rincón del continente representa la condensación del europeísmo. Bélgica, Holanda y Alemania son los tres países fundadores, que la geografía reúne en este encuentro de fronteras. Un puñado de kilómetros más allá, Francia y Luxemburgo. Esta fue la residencia del emperador Carlomagno, que dominó el continente, y aquí se entrega cada año el premio que lleva su nombre y que distingue a personalidades europeas.

Grandes dosis de simbolismo pues, para un tratado que Merkel consideró el pasado fin de semana “necesario” para inyectar nueva fuerza en la UE. “El mundo ha cambiado y es necesario un nuevo tratado para consolidar los postulados del Tratado del Elíseo”, ha indicado la canciller. Más allá del simbolismo, el texto contempla algunas medidas concretas como la armonización de la legislación mercantil y la coordinación de la política económica. La cooperación militar y el intercambio y coordinación de posiciones en instituciones como Naciones Unidas o la OTAN, además de la UE son otros de los puntos que aborda un tratado, criticado por numerosos analistas por su falta de ambición.

La convergencia de la que habla el texto franco-alemán es precisamente la que ha dado alas a las fuerzas populistas, que en Francia acusan a Macron de minar la soberanía nacional y de “vender” el país a la potencia alemana. Le acusan incluso de querer ceder la Alsacia a los alemanes, así como su asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, haciendo un ruido que no casa con el contenido del acuerdo. El presidente francés hizo una excepción y viajó fuera de las fronteras de su país, donde se encuentra asediado políticamente por la crisis de los chalecos amarillos.

ANA CARBAJOSA, EL PAÍS

https://elpais.com/internacional/2019/01/21/actualidad/1548093362_419483.html